Segundo Lugar Concurso de periodismo “Las Historias que nos mueven”   Un taller de costura le hace frente a la pandemia 

Segundo Lugar Concurso de periodismo “Las Historias que nos mueven”

Un taller de costura le hace frente a la pandemia

Autor | Ismael Jiménez

Enero y febrero, no fueron meses distintos a los de años anteriores, por lo regular, como en cualquier otro oficio, el fin de año marca la mejor temporada para talleres y negocios familiares que confeccionan todo tipo de mercancías para el mes de diciembre. 

Así cerro 2019 el taller de maquila de pantalones y ropa de mezclilla de Carlos Ventura. Su taller, es como tantos otros en el que la familia, juega un papel importante, pero que, cuando las cosas van bien, dan empleo a más personas.

Como cada ciclo en este tipo de negocios, lo más difícil es sortear los dos primeros meses del año, para luego tomar vuelo a partir de marzo y enfilarse hacia el resto del año. 

Al iniciar el tercer mes de 2020, el flujo de trabajo en el taller de Carlos se mantenía a un ritmo regular. Lejos estaba de imaginar que todo iba a cambiar en los siguientes 15 días. Aunque la información proveniente de China cada día iba cobrando mayor atención por la propagación del Covid-19, como muchos, Carlos imaginaba que la pandemia se encontraba lejos y difícilmente llegaría hasta Ciudad Nezahualcóyotl.

De pronto, el panorama cambió y junto con sus hermanos, quienes trabajan con él en el taller de la colonia Benito Juárez de ese municipio mexiquense, comenzaron a pensar en las repercusiones en caso de que todas las actividades se detuvieran y nadie pudiera salir de casa.

En principio, no vimos que fuéramos a salir afectados cuando comenzó el confinamiento; pero un mes después de que declararan la pandemia, el trabajo se detuvo de un día para otro, cuenta Carlos. 

Una vez decretado el confinamiento, Carlos y sus 19 colaboradores, continuaron trabajando. Había que terminar la tarea encomendada antes de iniciada la crisis sanitaria. Esto les permitió seguir laborando durante 15 días luego de iniciada la pandemia y no despedir a nadie.

Conforme avanzaron los días y el trabajo pendiente se fue terminando, la inquietud de Carlos y su equipo se hizo presente, pues no tenían certeza en qué tiempo volverían las actividades a la normalidad, pero tampoco cuándo terminaría el confinamiento.

A pocos días de terminar dichas tareas, una tarde de miércoles, dos personas desconocidas llamaron a las puertas del taller preguntando si en esa dirección realizaban trabajos de maquila. Querían que le hicieran una muestra para fabricar cubrebocas. 

Giovanni un maquilador proveniente del municipio de Chimalhuacán, estaba en busca de maquileros que le ayudarán a completar un enorme pedido que tenían de cubrebocas. Carlos y su equipo, nunca habían maquilado algo así, pero la circunstancia los colocó ante la disyuntiva de tomarlo o dejar de trabajar y no percibir ingresos.

Giovanni les dejo una muestra y material para que le hicieran tres muestras. Regresaría al día siguiente para checar la calidad de la tarea y acordar precio, cantidad y fechas de entrega. El jueves a primera hora, Carlos tenía lista la prueba solicitada, la cual fue aceptada por Giovanni y acordaron el precio en 1 peso por cada pieza maquilada.

El primer lote solicitado, fue de cinco mil piezas para empezar, aunque en realidad, no había limites en el número de piezas a maquilar. Giovanni les proporcionó los materiales. Carlos recibió el material cortado, por lo que él pondría los hilos y la mano de obra.

Obtener esa tarea, ayudó para que no despidieran a ningún trabajador, el primer bloque de cinco mil piezas lo terminaron en una semana y antes de acabar con la tarea, Giovanni ya les había entregado material para un segundo bloque de cubrebocas, ahora de diez mil piezas. 

En plena semana de pascua, Carlos recibió otra visita. Rafael un vecino de la colonia Benito Juárez, llegó al taller para pedirle que le fabricará también a él cubrebocas.

Con Rafael, Carlos cerró una alianza en la que ambos realizaron una inversión para atender un nuevo pedido que sería distribuido en la ciudad de México. La contingencia había provocado que los ingresos de Carlos se redujeran hasta 60% al tomar la primera tarea para maquilar cubrebocas. 

La sociedad con Rafael no fue motivo para dejar a Giovanni, quien continuó pidiéndoles más lotes de cubrebocas. De esta manera, maquilando y fabricando, Carlos logró reducir al 20% las pérdidas provocadas por el confinamiento.  

La primera gran ola de contagios en el país comenzó a dibujarse hacia finales de abril. En ese momento, la urgencia y el estupor por el incremento de contagios y decesos dispararon la demanda de cubrebocas.  

Para entonces, Carlos debió contratar más colaboradores y comenzar a buscar más talleres de maquila para cubrir la demanda de cubrebocas que, para ese momento, estaban fabricando 70 mil piezas a la semana.  

Siete personas más se sumaron al proyecto, tres mujeres y cuatro hombres, de esta manera, Carlos estaba generando 26 empleo directos; 16 hombres y diez mujeres. La más joven, una estudiante de 20 años, el mayor, un carpintero de 56 años. Ambos debieron comenzar a trabajar en lo que se pudiera para poder enfrentar la crisis que se comenzaba a sentir.  

Adicional, se sumaron cinco talleres que daban empleo a seis personas cada uno. De esta manera, bici taxistas, carpinteros y estudiantes se sumaron para dar la batalla a una de las pandemias más grandes que ha vivido la humanidad en los últimos cien años.  

Para el 20 mayo, cuando parecía que la demanda de cubrebocas comenzaba a menguar, un nuevo cliente contactó a Carlos. Héctor, también vecino de la colonia Benito Juárez, requería batas quirúrgicas, botas y cofias desechables. El pedido era de medio millón de kits para personal médico.  

Como en el primer caso, también le entregaron el material en cortes para ser maquilado. El primer entrego fue de 12 mil juegos en la primera semana de junio. 

Hacia la mitad de ese mes, la fuerte demanda de insumos para fabricar los kits, provocaron su escasez. Esto rompió el ritmo de trabajo y Carlos debió volver a fabricar cubrebocas, esta vez modelo K95. 

La producción bajo a 4 mil piezas semanales de este modelo de cubrebocas. De esta manera, se mantuvo el ritmo de trabajo hasta finales de junio, cuando poco a poco comenzaron a retomar la maquila de la mezclilla. Para agosto, el taller de Carlos había recuperado el ritmo de trabajo de esos meses en un año normal. Esto le permitió terminar bien el año y mantener el flujo de trabajo hasta los primeros meses de 2021.  

Para Carlos, el principal riesgo era que sus colaboradores se contagiaran, aunque durante los meses más críticos de la pandemia el taller mantuvo la inmunidad, a comienzos de enero, una colaboradora se contagió, pero afortunadamente, fue atendida y aislada rápidamente, de tal suerte que hoy está nuevamente incorporada a su trabajo.

Y aunque el taller de Carlos está trabajando en este momento con los mismos precios que cobraba previo al inicio de la pandemia, él y su equipo reconocen que, de no haber maquilado cubrebocas, su situación podría haber sido más desastrosa.